Aunque no sea la única razón que nos mueve profesionalmente, normalmente trabajamos por dinero. Si bien otros factores, como el salario emocional, cada vez adquieren mayor relevancia la remuneración sigue siendo clave, así como las posibilidades de crecimiento y desarrollo que percibimos en una empresa. La relevancia de estos aspectos hace que sean fuente de graves conflictos si no se gestionan adecuadamente.
El sueldo nos permite vivir y pagar las facturas, además de implicar un significativo reconocimiento sobre el desempeño de un trabajador. Cuando los ascensos y subidas salariales no son transparentes ni objetivos, influenciados por “enchufismo” u otras razones ajenas, el malestar de la plantilla se multiplicará. Por ejemplo, cuando llevas muchos años trabajando en una empresa y ves que otro compañero que se acaba de incorporar, con tu mismo nivel y experiencia, empieza cobrando más que tú, es lógico sentir un justificado sentimiento de frustración que genera desmotivación e incluso rompe el compromiso emocional que mantienes con tu empresa.
Rita González
Más de 25 años de experiencia en la gestión del Capital Humano. Formadora y Coach certificada por la ICF.

